Refugio
Recuerdo que, después de varias mudanzas, entendí que aquello que convertía un espacio desconocido en un lugar habitable no eran los muebles ni las paredes. Tampoco las personas, que a veces también se marchan. En mi caso, eran los libros. Bastaba acomodarlos en un estante improvisado para sentir que una parte de mí ya estaba en casa. Quizá los refugios sean eso: aquello que nos permite reconocernos cuando todo alrededor cambia. (Piensa este humilde editor)


