Hay artistas que uno escucha. Y hay otros que, con los años, terminan acompañando partes específicas de la vida. Jorge Drexler pertenece a esa segunda categoría. Sus canciones suelen aparecer en momentos de tránsito: despedidas, mudanzas, amores, ciudades nuevas, preguntas difíciles. Quizá por eso cada regreso suyo a Lima se siente menos como un concierto y más como un reencuentro.