Un lienzo llamado Ricardo Wiesse

Ricardo Wiesse delante de uno de sus cuadros | © Diego Arévalo

Artículo escrito por Pilar Fonseca | Video y fotografía por Diego Arévalo

“Si no dudas permanentemente, si no te alimentas constantemente de la incertidumbre… Yo no tengo respuestas para nada y más bien me asaltan dudas jodidas, eso es lo que me mantiene vivo.”

Ricardo Wiesse es un hombre sensato. Le gusta la poesía, sobre todo la de Vallejo, y leer sobre el cosmos. Ha aprendido a reírse de sí mismo, la solemnidad le parece ridícula y el auto-bombo penoso. Tiene un amor pasional cuando hablamos de las culturas precolombinas, obsesión que ha llevado a su trabajo. Nació en Lima (1954) y desde siempre estuvo viajando por la Panamericana Norte con su familia a la hacienda que tenían en La Libertad. Esos paisajes impolutos y absolutos son los que le hicieron sentir que participaba del mundo. Ese mundo que se revelaba ante sus ojos, lleno de colores y magia. Magia plasmada en forma con tonalidad.

Recuerda que empezó a pintar a los 9 años, cuando estudió en la Escuela de Germán Suárez Vértiz, luego su caballete no paró de estar en todos lados. Creo que es la forma que tienen algunos seres de comprender el mundo y la de Ricardo es la pintura.

A pesar de la diferencia de edad, no siento una brecha generacional entre sus opiniones y las mías. Hemos hablado de política, música, arte, pintura y pintores que lo inspiran, de la magia de la vida, del poder curativo de las plantas, de Rilke y Valéry, como también de Nietzsche, de la riqueza del arte peruano precolombino. En nuestra charla descubro que es un hombre sensible de ideas claras sin respuestas obvias y que lamentablemente en el Perú las cosas no han cambiado mucho desde su tiempo al nuestro.

Ricardo y yo estamos de acuerdo en una cosa: que si de algo adolece el Perú es de memoria. Nuestro país debe aprender de la importancia de su cuidado para que las historias no sean cíclicas,  de re-conocernos, de saber de dónde venimos.

“Los peruanos no tenemos la conciencia que descendemos de gente que hizo civilización de la nada. Domesticaron plantas, animales e hicieron arquitectura. Todo. Ciudades, organizaciones políticas, caminos con sus brazos y sus pies. Se hizo por el trabajo comunal, por la resistencia, por reciprocidad. Se hizo por una serie de estrategias que apuntaban al bienestar común y eso se ha perdido porque en el Perú han venido aterrizando todo tipo de modas. La última es el individualismo occidental, que está en total contrapelo a una de nuestras mejores tradiciones.”

Este loco amor anacrónico por las culturas pre incas se muestran en su trabajo recientemente expuesto en la Galería Forum junto a su hijo, Ricardo Wiesse Hamann. Motivo que lo alegra y enorgullece.

“Estoy halagado de esta presentación pública que habla de nuestra relación cercana, de una cosa que se continua en el tiempo. Que son fruto de una larga meditación sobre el trabajo visual. Así como se heredan las chacras también se heredan los oficios y las visiones del mundo. Es la vieja discusión de cuánto tenemos de nosotros mismos y no heredado; que lo aceptemos o no es otra cuestión.”

Si bien Ricardo ha experimentado con varios materiales (piedras, redes) ahora está enfocado en el óleo sobre el lienzo porque, según nos dice, es algo que solamente él puede hacer.

Quería cuestionar más el óleo sobre tela. Lo asociaba a la cultura occidental y yo más bien quería zambullirme, identificarme con el otro lado de mi mestizaje. Los originales, las cerámicas y los textiles de los Andes antiguos. A donde los colores son otros, obviamente todo tiende a lo terroso. Me fui metiendo, pero después he venido a descubrir las bondades del color pacientemente trabajado y la tecnología que pues, no implica nada más que un pincel, un diluyente, colores y aceite. La verdad que el óleo me tiene bastante ocupado y no sé si alguna vez me desocupe [risas].”

Hablamos de la pintura. Su pintura.

“Es volver otra vez a la misma pregunta y sentirte desamparado y ese sentido de no saber es la garantía que estás yendo a algún lado y no te estás quedando en el mismo sitio y claro, es muy placentero aparentemente estar solo haciendo lo que a uno le da la gana. Pero también hay compromisos expresivos con uno mismo que yo me los guardo y sé perfectamente cuando han sido volcados y cuando no”.

Las emociones que lo embargan a la hora de crear sus obras, el mundo interior expuesto en forma y color.

“Sí pues, cuando ves que lo que estás haciendo es un vehículo para filtrar emociones y fijar, estas cosas que son efímeras, pero que el color detiene, que las formas milagrosamente están, darse cuenta de eso antes de seguir con la acción.”

“…Tú estás en un gran juego que implica operaciones metafóricas, imaginativas y en fin, yo quisiera llamarlas en algún momento poéticas, pero no quisiera proseguirlas. Seguir, seguir, seguir, no en los mismos cuadros o a veces también en el mismo cuadro. Este sentido de la aventura que no termina.”

Se siente totalmente hechizado por su oficio y no se ve haciendo otra cosa. Le interesa la pintura moderna por los contenidos místicos que aún aloja.. Aunque Ricardo no se engaña a sí mismo y se considera un “pintor medio quemado” para el mercado local. Igual él sigue en lo suyo y nos cuenta que el próximo año presentará un grupo de ilustraciones de Vallejo en Madrid. Que la incertidumbre lo mantenga siempre creando.
 

Redes en la Galería Forum (Av. Larco 1150 Miraflores) de 10 am a 8 pm y va hasta el 7 de octubre. Ingreso libre.

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