Escena Libre



Escena Libre
Hace un par de años, Ana y Carlos invirtieron los ahorros que tenían para fundar una librería en Barranco, donde por aquel entonces no había ninguna. Así nació La Libre con el firme propósito de ser una librería de barrio, un espacio que no funcionase únicamente como un negocio sino también como un punto de encuentro dentro del vecindario.
“Nuestra meta siempre fue crear un público que no viniese buscando títulos en concreto, sino que más bien quiera pasar un rato en la librería, explorar y conocer”, apunta Ana. La consigna: entablar con las lectoras y los lectores un trato mucho más personal, más cercano.
Esta forma de entender la relación entre librería y barrio se complementa con una apuesta muy personal: además de vender libros, La Libre también los presta, ya que Ana y Carlos gestionan una biblioteca dentro de la librería. “La biblioteca es una manera de decir que no importa que leas mucho o poco, que tengas mucha plata o menos; lo que importa es que si tú quieres llevarte un libro el dinero no suponga un problema”. Por eso, con una suscripción de 30 soles al año, la gente puede llevarse en préstamo una significativa cantidad de títulos. Hoy, esta iniciativa cuenta con 600 usuarias y usuarios.
Compartir una pasión: el cine
Ahora, Ana y Carlos quieren replicar los aciertos de esta primera etapa como libreros en un nuevo espacio que acaban de inaugurar en San Isidro: Escena Libre. Esta librería tiene la particularidad que se encuentra ubicada dentro del Centro Cultural de la PUCP, lo que les da la oportunidad de compartir otra de sus pasiones: el cine.
“Queremos apostar por libros especializados en manifestaciones artísticas, como cine, teatro y performance, y eso te obliga a buscar los títulos adecuados”, comenta Ana. “Y esto es una iniciativa estimulante, buscar cosas nuevas”.
Desde ya, la manera cómo han dispuesto el espacio, las tarimas que han ubicado estratégicamente, apunta a que realizarán múltiples actividades, conversatorios, cuentacuentos y hasta proyecciones, “un centro cultural dentro del centro cultural”, como dice Ana mientras nos despedimos y continúa con esa labor minuciosa de sacar cada libro de su caja y ubicarlo exactamente dónde debe ir.