Sobre la mágica experiencia de ver Teatro Francés en el Cine

Elsa Lepoivre (Lucrecia Borgia) | © Christophe Raynaud de Lage

Escrito por Diego Arévalo

Fuimos a ver en pantalla grande a la femme fatale del Renacimiento, Lucrecia Borgia. Proyectada en vivo desde la Comedia Francesa, histórico teatro que se encuentra a 10,253 km de Lima, la obra forma parte de la temporada 2019 de Teatro Francés en el Cine.

Fuimos testigos de los pecados y lágrimas de aquella célebre infame cuyo mito, construido por leyendas tan negras como la noche, inspiró la pluma de Víctor Hugo en 1833 quien, como el gran romántico de su época, sueña un dramón cargado de veneno, como aquellas copas de vino que Lucrecia ofrecía a sus enemigos, incluso a su propio hijo… Precisamente, la obra trata acerca de cómo la mal llamada prostituta del Papa Alejandro VI –nada menos que Rodrigo Borgia, su padre– decide apartarse del camino del mal y quiere presentarse y recuperar, a pesar de sus famosísimos crímenes esparcidos por toda Italia y Europa, a su hijo Gennaro, quien fue fruto de la relación incestuosa que tuvo con su hermano César Borgia.  

¿Y qué tal estuvo? Très magique.   

Teatro en la gran pantalla
Si bien puede parecer una contradicción ver, a través de una pantalla, una obra de teatro –su esencia es, precisamente, que sea en directo, con los actores de carne y hueso desplazándose delante de nosotros y no la abstracción de una imagen–, el espectáculo teatral cinematográfico es igual de verdadero. Distinto, pero verdadero. Todo lo era: las actuaciones, el vestuario, la puesta en escena, la iluminación, los actores recitando sus líneas –Si vuelvo a oír ese horrible nombre (el de Lucrecia Borgia) nuestras espadas brillarán al sol–. Y, claro, la precisión del montaje audiovisual captaba con gran ritmo lo que iba aconteciendo en cada una de las escenas, como si se tratara de una película, pero el murmullo y las risas de un público invisible anulaban la distancia Lima-París y nos recordaban que estábamos en el teatro de la Comedia Francesa.    

Al inicio de la obra, el paisaje de un naufragio: un cielo oscuro atiborrado de nubes amenazantes envuelven una barca real y destrozada que yace sobre las tablas y que sirve de apacible lecho a un Gennaro dormido. Mientras tanto, sus amigos se divierten narrando los innumerables crímenes de los Borgia que, entre chisme y chisme, se ríen, se espantan, se exaltan, se indignan y se mofan con locura de la hija del Papa. Salen. Segundos después, aparece una doncella. Repasa, con mirada hostil, más allá del escenario. Sus ojos vigilantes se pierden por todo el recinto para finalmente detenerse en Gennaro que sigue dormido y solo. Luego, hace una señal. Deslizándose como un cisne negro que repentinamente aparece en la inmóvil laguna de la noche, entra Lucrecia Borgia.

En ese momento, llegó el trago que había ordenado en la barra Fellini. Le eché un sorbo, estiré las piernas, me recosté doblemente sobre la amplia butaca y seguí disfrutando de la función.

Las próximos estrenos de teatro francés son Britannicus de Jean Racine y Romeo y Julieta de William Shakespeare en el cine UVK Platino Basadre, pero se vienen muchos más. Conócelos dándole una mirada a nuestra cartelera de cine EnLima, la guía de cine alternativo más completa de la ciudad.      

+INFO: Teatro Francés en el Cine

Añadir nuevo comentario