'La sinfonía de la destrucción', de Pedro Novoa

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Soy Pedro Novoa y no me considero escritor. Soy un criador de perros. Canes hechos de letras, de rabia, de puro nervio, tripas y delirio. Me parieron en Huacho el 19 de noviembre de 1974 por error y por otro error me trajeron a Lima a los dos años. Una equivocación que hasta ahora no termino de comprender, pero que cínicamente agradezco. Acabo de soltar a un perro grueso, salvaje se llama La sinfonía de la destrucción (Planeta, 2017). Un espécimen que crié para que en vez de morder, tragara de frente, de un solo bocado y sin salivar. 

¿De qué trata tu libro?
Se trata de la vida de un puñado de bestias urbanas arrojadas a la calle, para que allí a punta de colmillazos y heridas, convivan, bailen y gocen al ritmo de la sinfonía de su propia destrucción.

¿Por qué este libro ahora?
Porque ya había crecido tanto que antes que reviente dentro de mí, por un acto torcido de generosidad quise que reventara delante de otros. Es, también, un ejercicio de innoble infección de una enfermedad terminal. Como esos sidosos que a sabiendas que premiarán a desgraciados y desgracias, van por allí repartiendo el mal que llevan entre las piernas. Y en mi caso, el mal infeccioso está entre las dos tapas del libro.

¿Cómo es tu proceso creativo?
Como esas fantasías sexuales que buscan volverse realidad: surgen desde dentro para buscar un fuerte asidero en lo real. Primero fantaseo, me perturbo, me envicio. Y como los grandes pervertidos una vez transformado en monstruo, escribo. Así me curo o me envicio más, no lo sé. Escribo siempre para saberlo o para creer saberlo. Luego leo con perplejidad lo escrito, como si algún ente malsano lo haya perpetrado. Y me lleno del suficiente fuego, de la suficiente pastosidad busco publicarlo, sino lo destruyo.

¿Tu libro es pura ficción o está basado en hechos reales?
Mi novela es pura destrucción. Está basado estrictamente en hechos reales que si no surgieron de la más absoluta irrealidad, por lo menos lo merecieron. Son tan verosímiles que podrían suceder o estar sucediendo, son jabonosos, chuecos, dan la impresión de basarse en hechos reales, tan reales que asustan, y repelen. Por eso su condición híbrida, su deambular en ese límite de algo tan cercano que se te mete dentro como un jodido espíritu.

¿Con qué otros autores te sientes en sintonía?
Con Onetti, con Bukowski y por supuesto con Reynoso y Vargas Llosa.

¿Te ha resultado fácil publicar este libro?
Tan fácil como parir al revés sextillizos.

¿Se puede vivir de la literatura en el Perú?
Por supuesto, si te dedicas a gerenciar una editorial importante, si trabajas en la prensa cultural de un diario hegemónico, si tienes un cargo en el sector cultural o educativo del Estado que se refiera aunque sea como excusa o salvoconducto a la dizque promoción del libro. Tendrás jugosos sueldos, viajes a ferias internacionales, a eventos fastuosos, a cócteles, te darán libros gratis para que los infles o sepultes. Tendrás influencia, seguidores, serás casi un virrey de las letras. Y lo más alucinante, vivirás de la literatura y reinarás sin la penosa necesidad de publicar ningún libro. 

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