Yo soy: Toño

"Parece ser que Toño ha sido ese personaje entrañable que Lucho siempre quiso, ese peruano chamba y golpeado por la vida pero al mismo tiempo quimboso".

Mi madre siempre me lo repetía: “¿Quieres saber cómo es un hombre? Mírale los zapatos”. Existe todo un universo detrás de un simple calzado. Van Gogh con la pintura Zapatos viejos refleja una especie de misticismo, una belleza interior que no necesita explicación. El artista no retrata el objeto, sino la vida del objeto. Mejor dicho: su propia vida en el objeto. Es lo que ha vivido, sus experiencias y las rajaduras son sus heridas, el color gastado forma parte de sus años gastados. Esta idea es la que se refleja al inicio de El día de mi suerte: unos mocasines blancos, viejos, con rajaduras y la suela a punto de salirse reflejan la vida de quien creíamos que era el 'cantante de los cantantes' pero no: es el imitador de Héctor Lavoe interpretado por Lucho Cáceres. Los zapatos de la copia de 'Héctol' son su carnet de presentención y nos hace sospechar un mal agüero que lo acompaña desde antes de la historia que nos están por contar. 

En una Lima de los 80, del hotel Crillón, de Alan y su desequilibrio económico, de la cuna del terrorismo y grandes problemas sociales se encuentra Toño, una sombra en la ciudad que forma parte del sistema pero del que se siente fuera debido al desempleo, mala suerte y poca fe que le tienen los de su entorno. Sin embargo, el viernes trece de Toño parece acabarse cuando se entera que su ídolo musical llegaría al Perú por primera vez. A partir de ello se desarrolla una historia de Lima en aquellos años y cómo Toño trata de cumplir el sueño de conocer al 'Rey de la puntualidad' y vivir en carne propia el día de su suerte.

Creo que todos entendemos por qué eligieron a Lucho como el protagonista de la serie. Sin duda él tiene toda esta esencia de 'Songoro Cosongo', del pata de barrio, de vivido. Sus personajes más recordados habían seguido también este patrón: 'El buen Kikín', 'El Cobra' y 'El Tunche' tenían un poco de estas características; sin embargo, Toño, a pesar de ser el imitador chalaco de Héctor, después de bajarse del escenario, es también un hombre de carne y hueso que tenía aflicciones, dudas y fracasos que no lo dejaban dormir. En esta serie, Lucho Cáceres retrata su lado más quimboso pero también más humano y esto es lo que genera esa frescura, esa soledad natural que sólo ellos dos conocen. No solamente a Toño le comenzó a sonreír la vida cuando se enteró que Lavoe venía a Lima, sino también a Lucho. Después de todos sus papeles, se podría decir que este es el más cuajado, el que encaja perfectamente con su personalidad, con su performance actoral y con ese estilo canero. En una entrevista cuenta cómo es que construye este personaje. En esa charla, revive el concierto de la Feria del Hogar. Miles de personas reunidas mientras él, con una gente de Maranga y una chata de ron, bailaban al ritmo de Juanito Alimaña. Cuenta también que fue un trabajo de meses con especialistas: “Yo siempre busco a mis personajes en cosas animadas o animales. En el caso de Héctor es como un Tiranosaurio Rex, siempre está como medio encorvado, camina con ritmo y siempre está en esa posición. Es más, para yo poder agarrar el micro como él (agarra el micro con tres dedos, curiosamente los mismos que tiene un Tiranosaurio Rex) tuve que ponerme papelitos en medio de los dedos y presionarlos. Esa fue una técnica que me la enseñó un actor venezolano que conocí.”

Este primer capítulo ha sido una revelación, no sólo como historia sino también como producción. Parecía lejano crear este tipo de formato en Perú, no obstante hoy es una realidad. Lo interesante de este primer pedazo del pastel es que parten en una Lima caótica con la fiebre salsera y usan como pretexto la vida de un personaje tan querido como Lavoe para llevarnos al terreno de Toño y presentarnos por medio de situaciones sus crisis existenciales, sus complicaciones familiares y tormentos amorosos como también su performance y sus ganas de que las cosas por fin sigan un rumbo distinto. Parece ser que Toño ha sido ese personaje entrañable que Lucho siempre quiso, ese peruano chamba y golpeado por la vida pero al mismo tiempo quimboso. Ese peruano que ha buscado salir adelante y cumplir sus sueños, ese peruano que, dentro de un contexto político y social que se desmorona a pedazos, sigue buscando el día de su suerte.

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