Lucía Berlin: un manual para mujeres

"Berlin es una mujer hablando de mujeres sin importarle seguir con los roles sociales".

A mí me gustan las mujeres fuertes, decididas; las que no tienen miedo de caerse –porque saben que tienen la fuerza para levantarse nuevamente–; a las que no les da vergüenza hacer lo que realmente les plazca; las que no pretenden ser perfectas –sino felices–; las que entregan el corazón –aunque se los hagan puré–; las que son, pues, genuinamente sinceras. Una mujer de verdad, no una muñeca Barbie.

Por eso me gusta Lucia Berlin (EE.UU., 1936). Compré su libro Manual para mujeres de la limpieza en el invierno del 2017, en una oferta durante la Feria Internacional del Libro de Lima; y ya he pedido su nuevo libro Bienvenida a casa como regalo para esta Navidad.

Berlin es una mujer hablando de las mujeres en situaciones reales. Atender a los hijos. Ir a trabajar. Detestar su trabajo. Regresar a casa y cenar sola. La ausencia de un amor.

En la literatura estamos tan acostumbrados –acostumbrada– a leer sobre mujeres modelo. Son los personajes masculinos los que tienen la prerrogativa de romper las reglas: abandonar a la familia, ser alcohólicos, drogadictos, mujeriegos; detestar sus trabajos. Por eso los cuentos de Berlin, donde son las mujeres las que no cumplen el rol dictado por la sociedad, son tan refrescantes. 

Berlin es una mujer hablando de mujeres sin importarle seguir con los roles sociales (como digo, mujeres de la vida real). Una mujer alcohólica a cargo de sus dos hijos. Una mujer que piensa en el suicidio después de la viudez (“Ay, Mel, ¿qué voy a hacer? ¿Abandonar la enseñanza? ¿Viajar? ¿Hacer un doctorado? ¿Suicidarme?”); una mujer que acompaña a abortar; una mujer a quien le rompieron el corazón.

No hay pose ni disimulo. No hay ganas de impresionar a nadie. Hay desfogue sin censura (“Bobby me había abrazado, había hablado conmigo. Se había tomado muchas más molestias haciendo el amor de las que suelen tomarse los hombres …”).

Es una mujer que mira a los ojos directamente a la sociedad (sociedad machista y capitalista, por supuesto) y no tiene reparos de decirle: «mira cómo no soy la madre perfecta; mira cómo no me avergüenzo de mi trabajo mediocre». Es sublime.

Otra autora que es así es la irlandesa Marian Keyes (aún viva). Escribe más "chic lit", historias románticas, para chicas, pero con un mensaje igual de potente: las mujeres no somos perfectas, dejen ya de obligarnos a hacerlo.

En la literatura usualmente los personajes femeninos son la antítesis de los hombres: locas, histéricas, arpías, frígidas, ninfómanas, mesuradas, pacientes, consideradas, amorosas. En resumen, falsas. Siempre falsas.

Keyes con eufemismos (por decirlo se cierta manera) y Berlin sin censura, se tiran abajo todo eso.

Sí, las mujeres somos cariñosas, nos ilusionamos con un chico; pero también bebemos, maldecimos, perdemos los papeles; y eso –aquí está el aporte– no nos hace ni mejores ni peores mujeres. Solo refleja la esencia del ser humano. En mi opinión, presentar a los personajes femeninos como seres humanos es el gran valor de los cuentos de Berlin. Los despoja de todas las camisas de fuerza que les ha impuesto la sociedad (y la literatura, en el caso concreto). Y consigue presentar personajes libres, ligeros; en suma, maravillosos para las personas que tienen la fortuna de leer sus cuentos.

Si aún no los leen, se los recomiendo. Más allá de todo el marketing que existe alrededor de ella como escritora –murió en 2004 y aún siguen publicando libros nuevos–, vale completamente la pena y no le debe el éxito a nadie.

Comentarios

Relatos reales y no idealizados, bien Lucia Berlin !! Gracias por presentarla en este texto

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