Alberto Ísola: “La vida es un constante equilibrio-desequilibrio entre la poesía y la razón”

Alberto Ísola. | © Difusión

Entrevista realizada por Hans Alejandro Herrera

Inspirada en la pérdida de uno de los últimos manuscritos escritos por el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, que murió durante la Guerra Civil Española, La piedra oscura es un montaje que llega ahora al Perú de la mano de Alberto Ísola. Conversamos con el director sobre esta obra llena de matices, que se presenta en el Teatro de Lucía, así como de su amor por la obra de Lorca y la relevancia del teatro como arte vivo.

¿Por qué montar esta obra de Alberto Conejero, un autor contemporáneo que tiene tanto que ver con otro gran dramaturgo español como Federico García Lorca?
Yo tengo una relación muy fuerte con Federico. Me gusta mucho su poesía y su teatro, pero nunca he dirigido nada de él, porque sus obras que más admiro son las más difíciles de poner en escena, como El público. Son piezas más surrealistas, con un mundo muy particular, esas son las que más me gustan. En 2010, dirigí Sangre como flores, una obra de Eduardo Adrianzén que habla más o menos de la misma historia que La piedra oscura, pero desde el punto de vista de Lorca, donde también aparece Rapún. No hice esta obra por Federico, aunque me encanta. Hice esta obra porque, como siempre he dicho, yo soy un pesimista profundo, pero eso es bueno en la medida de que no me hace tener esperanzas superficiales; pero sí creo que si lo peor que tenemos es el odio que a veces nos enfrenta, lo mejor que tenemos es la capacidad de superarlo. Todavía creo en la capacidad del ser humano para dialogar de verdad, no entre comillas. Y esta historia me atrae porque es la de dos personas totalmente enfrentadas que se encuentran y se entienden, y comprenden como es realmente el mundo. Eso me gusta mucho.

Es precisamente en este encuentro donde se desmonta el concepto de enemigo ya que los protagonistas están obligados a conocerse…
Lo interesante es que Antonio Conejero no ha elegido como representante del mundo franquista a un soldado adulto, sino a uno joven, casi un niño que se ha acercado a la guerra y descubre durante la obra el verdadero rostro de ese mundo y creo que es interesante. Yo pienso mucho en la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina, que tiene mucho que ver.

Lorca está presente de una manera un poco fantasmal. La piedra oscura es su última obra y se perdió durante la Guerra Civil Española, casi al mismo tiempo en que lo mataban y su cuerpo desaparecía en alguna fosa común. Esto parece la perfecta representación de la obra perdida y del cuerpo de su autor muerto a causa de estos odios.
Antonio Conejero lo hace aparecer como una voz, nosotros lo hacemos aparecer en esta versión de un modo muy particular pues nos parece importante. Y es que está, pero no está. Y está porque seguimos hablando de él, seguimos leyendo sus poemas, seguimos representando sus obras. Porque una de las cosas que dice la obra también es que siempre persiste lo mejor.

¿Qué fue de esa obra perdida, La piedra oscura de Lorca? ¿Se sabe algo? ¿Se tiene idea de qué iba?
Nada. Sabemos que existió. Aparentemente hay una referencia de que el tema que se tocaba en La piedra oscura de Lorca era la homosexualidad, pero no hay una seguridad al respecto. Ahora La piedra oscura es la obra que ha escrito Conejero. Así que si hay La piedra oscura, es esto. Es un poco un juego metateatral que él hace.

Me resulta imposible no mencionarlo. Es notorio que muchos periodistas entrevistándote han querido contextualizar la obra con la presente coyuntura política después del indulto, como queriendo relacionarlo con la reconciliación. ¿No te parece esto un intento de instrumentalización política respecto a esta obra?
La razón por la cual se eligió esta obra y la hicimos nada tiene que ver con lo que ha pasado. Decidimos montar esta obra hace casi un año. Pero, aunque tú no lo quieras, la gente va a encontrar cosas que tú ni siquiera has dicho, y creo que tiene que ver con que el teatro es un fenómeno vivo. A mí me gusta la obra como parábola de una situación, muestra similitudes con lo que está pasando ahora. No lo puedes evitar.

Viendo los ensayos fui testigo de cómo tus actores intervenían a través de sugerencias en la puesta de escena de la obra, hasta en el tema de la iluminación. ¿Tienes un feedback permanente con ellos?
No te olvides que yo vengo de la generación que empezó a hacer teatro en los 70. Entonces mi formación actoral viene de los grupos y de la creación colectiva propiamente dicha. La manera como abordábamos el trabajo era colectiva y sigue siendo así. Armar una escena es un diálogo con el autor, con los actores, con los técnicos y diseñadores, y al final tú eres la persona que centraliza todas las decisiones. Yo me nutro de todo lo que hacen los actores.

En esta obra, donde la vida está atravesada por la poesía, uno recuerda un poco los versos del poeta mexicano Mario Santiago, vivir sin timón y en el delirio. ¿Se puede todavía habitar poéticamente la vida? ¿Qué tanto socaba la obra del poeta?
Es interesante. Es una pregunta como para hablar largo. No sé qué decirte. Me dejas preguntándome. Yo creo que es un constante equilibrio, y también un constante desequilibrio. Me gusta pensar eso, que la vida es un constante equilibrio-desequilibrio entre la poesía y la razón.

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